About Us

Our work strives to enhance our sense of surroundings, identity and relationship to others and the physical spaces we inhabit, whether feral or human-made.

Selected Awards
  • 2004 — Aga Khan Award for Architecture
  • 2009 — Mies van der Rohe Award
  • 2013 — AIA/ALA Library Building Award
  • 2015 — Best Interior, Designers Saturday
  • 2016 — AIA New York Honor Award

El horno de cal

En 1956 Joan Oliveras hizo construir un horno para la producción de cal a gran escala. Se trataba de un horno de grandes dimensiones, con el interior revestido con piedra de las canteras de Alcañís, en Aragón, que podríamos calificar de horno industrial.

No era el primer horno que Oliveras hacía construir, no en vano era conocido como «Joan de la cal». A sus espaldas acarreaba la construcción de más de veinte hornos repartidos por Beuda, Sales de Llierca y Sant Ferriol, y conocía bien la importancia que tenía situarlos cerca de la materia prima y contar con un buen equipo de calcineros, encargados de alimentar y controlar el proceso de cocción de la cal.

Joan Oliveras hacía llegar la piedra que quemaba en este horno de la cantera del Castellot de Beuda y de las canteras de Llers, y contaba con muy buenos trabajadores, como Jaume Serra, conocido como «Met Sisrals», vecino de Argelaguer.

El horno se mantuvo en funcionamiento durante diez años, hasta que los cambios industriales del sector lo hicieron inviable.

Los usos tradicionales de la cal

La producción de cal ha sido una actividad común en nuestro país, por la abundancia que hay de piedra calcárea, por la facilidad con la que puede ser producida y por las muchas aplicaciones que tradicionalmente ha tenido la cal.

La cal se ha utilizado como mortero en la construcción, para encalar las fachadas de las casas para impermeabilizarlas y aislarlas del calor exterior, para evitar plagas y hongos en cultivos y para limpiar establos y corrales, dado su poder desinfectante. Hasta el siglo XVII, aprovechando la fuerza corrosiva de la cal viva, era habitual su uso en entierros, sobre todo en tiempos de epidemia.

Ante el importante consumo de cal, no es extraño que los hornos de cal proliferasen allí donde la leña y la piedra calcárea eran abundantes.

 

De la tradición a la industria de la cal

La producción de cal probablemente tiene su origen en la antigua Roma y la técnica utilizada en los hornos prácticamente no ha cambiado desde entonces, hasta que en la segunda mitad del siglo XX el cemento, obtenido mediante procesos plenamente industriales, empezó a substituir la cal.

La ubicación de los hornos tradicionales estaba condicionada a su accesibilidad para hacer llegar la materia prima y para transportar la cal al final del proceso. A todo ello había que añadir la presencia de un terreno en pendiente, que aligeraba la dura tarea de cargar y vaciar el horno. Hay que tener presente que esta producción artesanal tenía que compaginarse con otras tareas propias del mundo rural, como segar o extraer el corcho de las encinas.

Entrado el siglo XX, estos hornos tradicionales fueron dejando paso a hornos de tipo industrial, dedicados de modo intensivo a esta actividad durante todo el año. Se construían con piedra y mortero de cal, y su interior estaba recubierto de piedra arenosa, resistente al fuego, de modo que no estaban condicionados al desgaste de los hornos tradicionales.

 

La organización del trabajo

Obtener una cal de calidad era el resultado de un trabajo en equipo, el de los calcineros, encargados de alimentar y controlar el proceso de cocción, y el de los hombres que recogían la leña y la llevaban hasta la boca del horno.

Jaume Serra, más conocido por el sobrenombre de Met Sisrals, uno de los últimos calcineros que trabajó en el horno de cal de Besalú, nos ofrece un testimonio de primera mano sobre el proceso de cocción y el esfuerzo y pericia que requería.

  • «Era muy importante para una buena cocción que la apertura de debajo, por donde se añadía la leña, fuera estrecha, ya que si no se escapaba mucho fuego y calor. Una hornada de 40 toneladas de piedra solía durar una semana. Una semana en la que el horno tenía que quemar de día y de noche. Éramos tres hombres los que trabajábamos en turnos de tres horas cada uno, el que acababa despertaba al siguiente. No necesitábamos despertador. Introducíamos la leña con una horca de hierro. Era un no parar de carretillas que trajinaban fajos de leña hacia el horno. Solían ser ramas secas de pino. Para una hornada se necesitaban una docena de hombres, tres para el horno y ocho o nueve para recoger y trajinar la leña. La temperatura de la cocción tenía que ser siempre de unos 800 grados. Los primeros días no sufrías introduciendo la leña, ya que el horno no tiraba demasiado, pero cuando cogía la temperatura adecuada, chupaba muchísimo. Tirabas un fajo de leña y se consumía en un momento. No quedaba ni brasa.
  • «Tenía un tiro bestial. En tres horas se gastaban unos treinta fajos de leña, así que… id contando. Cuando se llegaba a los 800 grados salía por arribar un homo negro, que eran los gases que iba dejando la piedra calcárea. Había que ir hurgando, haciendo agujeros por arriba para regular la cocción. Al cabo de unos días, de golpe salía el humo de color blanco, y eso quería decir que la piedra ya estaba cocida. Las piedras se habían desecho y la parte de debajo quedaba tapada. Esta era la señal para dejar de poner leña. Después había que dejar enfriar el horno y por arriba se iba sacando la cal. Se acostumbraba a hacer una hornada cada mes. Los que cuidaban el fuego cobraban un poco más, porque era una tarea dura. Solo se podía estropear una cocida cuando a medio hacer venían días de mucha lluvia, que hacía reducir la temperatura del horno.»

Fuente: traducción del fragmento del artículo «En Joan de la calç», de Josep Vilar. Les Garrotxes. Dossier Picapedrers, miners, calciners… (núm. 26, septiembre de 2020, pág. 50-51)

 

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Fuentes bibliográficas
  • Badias Mata, Jaume (2014). Qui fa calç va descalç. L’elaboració tradicional de la calç a les Gavarres. Consorci de les Gavarres. [Fecha de consulta: 26 de julio de 2021].
    https://www.gavarres.cat/uploads/imagenes/79-img-url1578990622.pdf
  • Vilar, Josep (2020). «En Joan de la calç». Les Garroxes (núm. 26, septiembre de 2020, pág. 50-51). Grup Gavarres.

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