About Us

Our work strives to enhance our sense of surroundings, identity and relationship to others and the physical spaces we inhabit, whether feral or human-made.

Selected Awards
  • 2004 — Aga Khan Award for Architecture
  • 2009 — Mies van der Rohe Award
  • 2013 — AIA/ALA Library Building Award
  • 2015 — Best Interior, Designers Saturday
  • 2016 — AIA New York Honor Award

La central eléctrica

A finales del siglo XIX, en la desembocadura del canal en el río Fluvià, se aprovechó una antigua turbina de madera para crear la central eléctrica de Besalú. Durante el día la electricidad generada se cargaba en baterías y por la noche se utilizaba la electricidad que iba generando la central y la de las baterías para dar servicio a los pocos abonados del pueblo.

En aquella época en las casas no había contadores que controlasen el consumo doméstico, y el control se hacía mediante unos limitadores, popularmente conocidos con el nombre de «escarabajos» porque eran negros, que se disparaban si alguien encendía una bombilla de más de las que tenía contratadas.

En 1928 se construyó un nuevo canal, el canal Gros, por encima del que había hasta entonces, para proporcionar más caída al salto de agua de la central y con ello aumentar la producción eléctrica. Con este mismo objetivo, se instaló una turbina Pelton metálica, que mejoró substancialmente la calidad del servicio.

La central dejó de ser operativa en el año 2010

Las centrales hidroeléctricas

Una central hidroeléctrica es, en esencia, la evolución de los antiguos molinos de agua con los que se generaba energía para moler el grano y otros productos, y más tarde, electricidad.

El funcionamiento de una central es muy sencillo; consiste en convertir en electricidad la energía potencial de una masa de agua como consecuencia de un desnivel. En la caída entre los dos niveles, el agua entra en una turbina hidráulica, que transforma la energía potencial en energía mecánica por medio del movimiento de la turbina, y esta energía mecánica, a su vez, es transformada en electricidad gracias a los alternadores.

La primera central hidroeléctrica se construyó en 1880 en Gran Bretaña, en Northumberland. Dos años más tarde, en 1882, la central de Appleton (Wisconsin, EUA), propiedad de H. J. Rogers, generaba una potencia de 12,5 kilovatios, que apenas servían para iluminar dos edificios de la fábrica y la casa particular del mismo Rogers. En el año 2020 la gran central de Itaipú, situada en la frontera entre Paraguay y Brasil, alcanzó una producción acumulada de 50 millones de megavatios-hora.

 

Las primeras instalaciones en Cataluña

Durante la segunda mitad del siglo XIX las zonas de Cataluña por las que discurren ríos fueron testigos de la irrupción de la energía hidroeléctrica. La revolución industrial y las necesidades de este tipo de energía propiciaron la instalación de un buen número de pequeñas centrales hidráulicas que aprovechaban la fuerza del agua para satisfacer las demandas locales, básicamente de alumbrado público o de las fábricas instaladas en la zona, a menudo situadas al lado mismo de los ríos o cursos de agua cercanos a los núcleos de población o en los ríos de las zonas con una fuerte implantación industrial, como los ríos Llobregat, Cardener, Ter, Freser o Fluvià. En aquella época la energía eléctrica tenía que generarse muy cerca de los centros de consumo, ya que la tecnología de corriente continua no permitía transportarla demasiado lejos.
La utilización de caudales de agua para aprovechar su fuerza en molinos, serrerías o fraguas ya era una práctica habitual desde hacía siglos. Sin embargo, a finales del siglo XIX, la incorporación del generador eléctrico a la turbina hidráulica significó la posibilidad de obtener una fuente de energía asequible y económica.

Hay dos tipos distintos de estas pequeñas centrales hidráulicas: las que desvían el agua del río por un canal que la conduce hasta la turbina —encargada de generar electricidad— y que posteriormente la devuelve al río, y las que se pueden considerar minicentrales, con la turbina instalada al final de un caño por el que sale el agua de un embalse.

 

Las centrales y el Modernismo

Algunas de las centrales edificadas a finales del siglo XIX se construyeron siguiendo las tendencias arquitectónicas del momento, es decir, el Modernismo y el Novecentismo, y hoy día se han convertido en verdaderas joyas arquitectónicas del patrimonio industrial del país.

La central hidroeléctrica Berenguer, situada en el municipio de Bescanó, es un claro exponente. Fue inaugurada en 1917 y es obra del arquitecto Joan Roca i Pinet (1885-1973). El salto de agua incorpora una selva de esculturas modernistas de plantas y dragones que se pueden ver incluso desde la carretera.

Sobresalen también la central de Vilanna, construida en estilo novecentista en 1905 por el mismo arquitecto, Joan Roca i Pinent; la central del Molí de Queralbs, construida en el año 1914 por la empresa Mines Gironès & Henrich; la central de Rialb, un edificio con elementos modernistas y bóveda catalana, construido por la empresa Echer Wyss y Cia., o la central eléctrica de Estebanell, en Sant Pau de Segúries, de 1870, con decoración modernista en el interior.  

 

Un paisaje alterado

El paisaje de Cataluña ha quedado fuertemente modelado por la construcción de pequeñas centrales hidroeléctricas a lo largo de los cursos fluviales.

La construcción de embalses y presas ha inundado valles fértiles, ha reducido los cursos de agua y ha conllevado que los sedimentos que arrastran los ríos queden atrapados en ellos y no lleguen en la cantidad necesaria para alimentar los deltas de los ríos Ebro y Llobregat.

Los cursos fluviales han quedado cortados por numerosas presas y diques que reducen sus cabales de agua, esto ha alterado los hábitats fluviales y pone en peligro la supervivencia de muchas especies.

Pero esta misma alteración del paisaje también ha dado lugar a una nueva fuente de riqueza con el uso turístico de embalses y ríos.

 

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